
(El agujero en la capa de ozono sobre la Ántartida entre 1979 y 2008; la secuencia completa año a año puede verse en Antarctic Ozone Hole)
Aunque la concentración de ozono a baja altura es nociva, en las capas altas de la atmósfera es esencial ya que su presencia filtra el paso de la luz ultravioleta (UV) procedente del Sol, que daña el ADN de las plantas y los animales (incluidos los humanos) y da lugar a cáncer de piel. Antes de 1979, los científicos no habían observado concentraciones inferiores a 220 unidades Dobson (DU) - que es el modo en el que se mide (y se expresa) la presencia de ozono en la estratósfera - Pero en la década de 1980, a través de una combinación de mediciones en tierra y por satélite, los científicos comenzaron a darse cuenta del adelgazamiento de la protección solar natural de la Tierra de manera espectacular en el Polo Sur en primavera de cada año. Este gran terreno en la delgada capa de ozono llegó a ser conocido como agujero de ozono.
Fue el investigador mexicano Mario J. Molina-Pasquel (co-receptor del Premio Nobel de Química en 1995) quien descubrió que esta disminución en la presencia de ozono en aquella región estaba causada por la acumulación de clorofluorocarbono (CFC) en la atmósfera.
Debido a su alta estabilidad físico-química y su nula toxicidad han sido muy usados como líquidos refrigerantes, agentes extintores y propelentes para aerosoles. Fueron introducidos a principios de la década de los años 1930 por ingenieros de General Motors, para sustituir a materiales peligrosos como el dióxido de azufre y el amoníaco.Sin embargo, una vez los CFC alcanzaban las capas altas de la atmósfera donde se encuentra el ozono beneficioso se produce una reacción fotoquímica inducida por la luz del Sol, y que supone la destrucción de las moléculas de ozono (liberado cloro, un átomo muy reactivo que cataliza la destrucción del ozono en repetidas ocasiones).
Aunque la concentración de ozono a baja altura es nociva, en las capas altas de la atmósfera es esencial ya que su presencia filtra el paso de la luz ultravioleta (UV) procedente del Sol, que daña el ADN de las plantas y los animales (incluidos los humanos) y da lugar a cáncer de piel. Antes de 1979, los científicos no habían observado concentraciones inferiores a 220 unidades Dobson (DU) - que es el modo en el que se mide (y se expresa) la presencia de ozono en la estratósfera - Pero en la década de 1980, a través de una combinación de mediciones en tierra y por satélite, los científicos comenzaron a darse cuenta del adelgazamiento de la protección solar natural de la Tierra de manera espectacular en el Polo Sur en primavera de cada año. Este gran terreno en la delgada capa de ozono llegó a ser conocido como agujero de ozono.
Fue el investigador mexicano Mario J. Molina-Pasquel (co-receptor del Premio Nobel de Química en 1995) quien descubrió que esta disminución en la presencia de ozono en aquella región estaba causada por la acumulación de clorofluorocarbono (CFC) en la atmósfera.
Debido a su alta estabilidad físico-química y su nula toxicidad han sido muy usados como líquidos refrigerantes, agentes extintores y propelentes para aerosoles. Fueron introducidos a principios de la década de los años 1930 por ingenieros de General Motors, para sustituir a materiales peligrosos como el dióxido de azufre y el amoníaco.Sin embargo, una vez los CFC alcanzaban las capas altas de la atmósfera donde se encuentra el ozono beneficioso se produce una reacción fotoquímica inducida por la luz del Sol, y que supone la destrucción de las moléculas de ozono (liberado cloro, un átomo muy reactivo que cataliza la destrucción del ozono en repetidas ocasiones).
Aunque se utiliza la metáfora del agujero, en realidad éste no es tal, sino que se trata de una zona en la que la concentración de este gas está por debajo del mínimo histórico de 220 DU, la capa de la atmósfera que comienza y se extiende entre los 8 o 10 km y hasta los 50 km de altitud, dependiendo de la latitud.Las mediciones fueron realizadas, desde 1979 al 2003 por los instrumentos del espectrómetro cartográfico del ozono total (TOMS) de la NASA y por el Instrumento de vigilancia del ozono (OMI) del Instituto Meteorológico Real de los Países Bajos (KNMI) del 2004 al presente.
La serie comienza en 1979. En aquel año la medida mínima observada fue de 194 DU, sólo un poco por debajo de la medida histórica [220 DU]. Durante algunos años las concentraciones mínimas estuvieron en torno a los 190 DU, pero al inicio de 1983 los mínimos empezaron a caer rápidamente: 173 DU en 1982, 154 en 1983, 124 en 1985. En 1991 se rompió la barrera de las 100 DU por primera vez, medida que desde entonces ha sido habitual. La mayor reducción se registró en 1994, cuando las concentraciones cayeron a apenas 73 DU, el 30 de septiembre.
Una vez descubierta la causa principal para esta reducción, el Protocolo de Montreal de 1987 prohibió el uso general del CFC y se estableció para controlar la producción de sustancias que pudieran dañarla. La firma de este acuerdo reconocía la escala de magnitud con la que el hombre puede influir en el equilibrio del planeta.
Actualmente, aunque “el agujero en la capa de ozono sobre la Antártida parece extenderse, la capa de ozono que rodea el resto del planeta parece estar mejorando. Durante los últimos 9 años, el ozono en todo el mundo ha permanecido más o menos constante, deteniendo el descenso detectado por primera vez en los años 80.” Se espera que la zona del agujero sobre la Ántartida recupere niveles de concentración de ozono similares a las de principios de los año ochenta para mediados de este siglo, aunque también se especula con que la emisión de otros gases y el calentamiento global retarden la recuperación global de la capa “a no antes de un siglo.”
Crédito: “Earth Observatory”

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